Solemnidad del Cuerpo de Cristo

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Click para ver el vídeo: https://youtu.be/Z7toi0fKxL0

Hoy celebramos la solemnidad del Corpus Christi, el Cuerpo de Cristo, es una fiesta de la Iglesia Católica cuya finalidad es proclamar y aumentar la fe en Jesucristo presente en el Santísimo Sacramento, es recordar la institución de la Eucaristía que tuvo lugar el jueves Santo durante la última cena cuando Jesús convirtió el pan y el vino en su cuerpo y sangre e invita a los apóstoles a comulgar con Él.

En muchas partes el día de hoy se ofrecen los mejores frutos de la tierra y se realizan procesiones en las calles invocando la bendición de Dios y agradeciendo la abundancia y prosperidad en las cosechas. En este día especial dirijamos nuestra mirada al evangelio que nos presenta la liturgia:

Lectura del santo evangelio según San Juan 6, 51-58

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne por la vida del mundo».

Disputaban los judíos entre sí:«Cómo puede este darnos a comer su carne?».

Entonces Jesús les dijo: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. Como el Padre que vive me ha enviado, y yo vivo por el Padre, así, del mismo modo, el que me come vivirá por mí. Este es el pan que ha bajado del cielo: no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron; el que come este pan vivirá para siempre».

Palabra del Señor…

Llegamos al culmen del discurso del pan de vida, la revelación de Jesús sobre sí mismo en la Eucaristía. Este evangelio es bellísimo, en él descubrimos que no sólo Jesús es el verdadero pan del cielo, el pan de vida, sino que hay que comerlo. El evangelio de este domingo contiene siete afirmaciones que le dan una estructura al discurso del pan de vida, veamos estas siete afirmaciones:

  1. La primera es una afirmación que comienza en negativo, es condicional. “Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros”.
  2. La segunda, por el contrario es positiva: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.
  3. Enseguida en la tercera vuelve a insistir: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.
  4. La cuarta afirmación vuelve sobre el mismo concepto con una proposición bellísima que habla ahora de la alianza. “El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mi y yo en él”.
  5. La quinta se basa en una comparación: “Así como el Padre que me ha enviado, El posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me coma vivirá por mi”. La naturaleza de la alianza entre el discípulo y el Maestro viene de la comunión del Padre y del Hijo porque comulgar es hacer viva alianza con Cristo y en Él con la Trinidad.
  6. La sexta afirmación es otra afirmación impositiva, muy interesante. Jesús dice lo que ocurre enseguida: “Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron vuestros antepasados, ellos murieron”
  7. Y partiendo de esta realidad negativa, “ellos murieron” en seguida la séptima afirmación, la última, la más vibrante, la más alta, es la positiva para aquel que entra en alianza y en comunión con Cristo a través de la Eucaristía. “El que coma de este pan vivirá para siempre”.

Cuando celebramos la Eucaristía, expresamos que somos y queremos ser comunidad que comparte la vida entregada y resucitada de nuestro Señor Jesucristo, su Espíritu nos une en un solo cuerpo, una comunidad llamada a hacer realidad el mandamiento del amor.

Comulgamos con sus opciones, con sus actitudes, con sus comportamientos, con todo el evangelio. Y comulgamos con la mayor de todas sus opciones, la de dar la vida por los demás.

La Eucaristía, sacramento del amor, aviva en nosotros la conciencia de que donde hay amor brilla también la esperanza, pues allí donde el ser humano se siente amado, experimenta la salvación de Dios y descubre que es posible la esperanza, especialmente en este momento que estamos viviendo, Jesús viene a nuestra vida, va delante de nosotros y nos llena de su infinito amor.

Oración:

Gracias, Jesús, por compartir nuestras prisas y ofrecernos un poco de calma. Gracias, Jesús, por no ser indiferente a nuestra vida, a nuestra realidad y colmarnos con tu gracia. Gracias, Jesús, por contemplar nuestra situación y regalarnos tantas caricias con serenas respuestas Gracias, oh Cristo, porque tu Cuerpo y tu Sangre nos redime, nos hace fuertes, decididos, valientes, entusiastas, comprometidos…. y nos hace sentir hoy, más que nunca, que merece la pena caminar y vivir contigo. Gracias Señor!!!

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