Nuestro corazón rebosa de alegría por el primer congreso de niños en Chía que tuvimos el 10 de diciembre. Fue una experiencia muy significativa. La hermana Elva Inés Vargas, de la comunidad de la Presentación, tuvo la inspiración del Espíritu Santo par hacerlo, nosotras acogimos la idea con mucho entusiasmo. Entonces, manos a la obra! Nos reunimos las comunidades que tienen jóvenes en formación de Chía: Congregación de la Sagrada Familia, hermanas de Betania, Salvatorianas, Escolapias, Agustinos, Hijas de María Auxiliadora y algunos laicos comprometidos que se vincularon a esta causa tan provechosa para acrecentar el amor a Jesús y María en los niños.
La organización de este congreso fue de gran valor para cada una de las comunidades y de los laicos, una oportunidad donde El Señor nos hace sentir parte de ese cuerpo místico que es la Iglesia, los carismas han dado el tinte especial a este congreso y ha sido el fuego del amor de Dios que se ha hecho presente durante la preparación y el mismo congreso.
El desarrollo del congreso fue una bendición muy grande,asistieron aproximadamente 420 niños a este encuentro a quienes se les dio la bienvenida con un carnaval en donde participaron santos de cada una de las comunidades, payasos y mimos, simbolizando la cultura de la Iglesia; en seguida hemos dado la apertura con la gran fiesta de todo cristiano “LA EUCARISTÍA”, la cual fue muy animada, presidida con la presencia del Padre Alejandro Rodríguez animador de la pastoral de niños en la Diócesis de Zipaquirá, hemos continuado el trabajo por grupos de acuerdo a las edades: semillitas, ovejitas, agua viva y luz del mundo, allí se realizó la catequesis con la iluminación “Jesús crecía en sabiduría y gracia”, y el recreo después del almuerzo no podía faltar junto a una película de “Domingo Savio” que la hemos visto con los niños, en donde se expresa la santidad como la alegría de tener a Jesús en el corazón. Los Caballeros de la Virgen han asistido para dar a los niños un pequeño mensaje sobre el rosario y les hizo entrega de una camándula. Concluimos con las rosas a la Santísima Virgen.
Este congreso fue una gran alegría tanto para los niños como para nosotros, el recuerdo que queda es la huella de Dios en cada uno de los niños, el amor se hace vida al haberse derramado en este día.
Para la finalización hemos dado a los niños una tula y un botón como recuerdo de este primer congreso infantil, pero más que esto, hemos dado la alegría de tener a Jesús y a María en el corazón.
Damos gracias a Dios por su Divina Providencia y por su infinita grandeza hacia la comunidad de Chía, pedimos al Señor que la semilla sembrada en los corazones de los niños sean fruto del fuego del amor de Dios para cada uno.



