MARIA DE NAZARET: MUJER SOLIDARIA

María de Nazaret se enteró por el ángel (Lc. 1,26-38) de dos cosas: 1ª que Dios estaba con ella y le pedía que fuese la madre de su Hijo; 2ª que “su pariente Isabel, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y la que decían que era estéril está ya de seis meses: para Dios no hay nada imposible” (Lc. 1,36-37)
¿Cuál es la respuesta María?
A la propuesta de Dios, la libre “obediencia de la fe”, su consentimiento: “Aquí está la esclava del Señor, cúmplase en mí lo que has dicho” (Lucas 1,38).
A la noticia del embarazo de su pariente, ponerse en camino inmediatamente para ir a ayudarla.
  Mujer solidaria en el ayudar, en el ponerse a servir al necesitado.
María de Nazaret, ante el privilegio de haber sido elegida para ser la madre de Dios encarnado, del Mesías:
No se queda extasiada, fuera de sí por la alegría.
No permanece pasiva, encerrada en su mundo de jovencita embarazada que necesita atención, cuidados, mimos.
No se lanza a publicar su privilegio y alegría.
María sale de su mundo, de sí misma y viaja ” a toda prisa a la montaña, a la provincia de Judea” (Lc. 1,39), lejos, a más de 120 km de Nazaret para ayudar a Isabel. La colaboración de María le vendría muy bien: su pariente es ya entrada en años, estéril hasta ahora, primeriza pues, y en el sexto mes de embarazo, tres circunstancias que hacen que esos últimos meses sean positivamente molestos y angustiosos para Isabel. Todas estas cosas no son secreto para las jovencitas del pueblo como es María. Por eso ella va a ayudar, a servir (Lc. 1,36-40.56)
No hay divorcio entre la fe y la vida de María.

 

 Mujer solidaria que cree en el Dios solidario.
Isabel se contentó mucho con la ayuda eficaz y cariñosa que le llegaba con María. Y “llena de Espíritu Santo, dijo con fuerte voz: ¡bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre!”
Entonces María expresó sus sentimientos en ese canto que llamamos “El Magnificat”: Lc.1,46-55. En él, inspirada por el mismo Dios, proclama con fuerza la verdad no ofuscada sobre Dios:
Lo llama “mi Salvador”, que es lo mismo que decir “mi Libertador”: “Se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador”.
Dice que es “Poderoso”. Pero ¿qué tipo de poderoso?
Lo aclara: “él (el Poderoso) es santo”. Es decir que el Poder de Dios es su santidad. ¿Y en qué está esa santidad de Dios? La santidad de Dios es su misericordia siempre fiel: Dios ha sido misericordioso con ella, y su misericordia perdura y llega, día a día a “sus fieles”. Pero ¿quienes son sus fieles?… “porque el poderoso ha hecho tanto en mí: él es santo y su misericordia llega a sus fieles generación tras generación”. Ahora nos los dirá: Dios es solidario con los pobres y humildes.
Nos lo dice María en esa definición de “el Dios de la Alianza, cantado por la Virgen de Nazaret” (como dice el Papa Juan Pablo II), inspirada por su Espíritu, y que es la más larga de la Biblia:
“Su brazo interviene con fuerza, desbarata los planes de los soberbios, derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide de vacío” (Lc. 1,51-53).
Es decir que el Dios de María, el único Dios vivo y verdadero, no está a favor:
de los soberbios,de los poderosos,de los ricos.
El Dios de María, el Dios Santo y Todopoderoso es solidario y está a favor:
de los humildes,de los humillados,de los pobres.
Esta es “la fuerza de la verdad sobre Dios, proclamada entonces con tan extraordinaria sencillez y claridad por María”. Así lo subraya Juan Pablo II en su carta encíclica “La Madre del Redentor”, y añade algo muy serio y transcendental:
“desde la profundidad de la fe de la Virgen en la anunciación y en la visitación (en el Magnificat), la Iglesia llega a la verdad sobre el Dios de la Alianza”.
Jesús de Nazaret es, pues, el salvador, el libertador, “el Mesías de los pobres”. Por eso “no se puede separar la verdad sobre Dios que salva… de la manifestación de su amor preferencial por los pobres y los humildes, que cantado en el Magnificat, se encuentra luego expresado en las palabras y obras de Jesús (lee todo el Nº 37).
  Mujer solidaria al lado de su hijo que muere en la cruz.
La solidaridad lleva a Dios a hacerse hombre en Jesús de Nazaret. Jesús es el Dios solidario y, por eso, liberador del mal que pesa sobre la vida del hombre bajo diversas formas y medidas (Lc. 4,19;7,22). Esa solidaridad liberadora del Dios de la vida, lleva a Jesús a la pasión y a la cruz. Sus parientes que querían que Jesús fuese a Jerusalén, para ganar en prestigio, no dieron la cara por él (lee Jn. 7,2-4). Los apóstoles que aspiraban a los primeros puestos (lee Mc. 8,31-33; 9,30-35; 10,35-40) lo dejaron solo (lee Mc. 14,50).
María que había aceptado plenamente en su corazón y en su vida al Dios solidario y salvador, está junto a la cruz donde agoniza su hijo, preso por causa de la justicia, torturado, condenado (Jn. 19,25-27). Es la Dolorosa (“a tí una espada te traspasará el corazón” Lc.2,35), la madre que da la cara, silenciosa, digna, participando en el amor redentor (liberador)
REFLEXIONA Y RESPONDE
1 – ¿Puedes señalar los rasgos de la solidaridad de María?2 – ¿Qué hizo María en favor de unos novios pobres, para que no quedasen avergonzados y la fiesta de boda no se estropease? (Lee Jn. 2,1-11).3 – Muestra cómo para María el ser del pueblo pobre y vivir sus problemas significó vivir una vida pobre y asumir la causa de los pobres.4 – Sin ser solidarios como María, ¿puede darse un “pueblo de Dios” (familia, comunidad, grupo… cristiano) libre fraterno, feliz como lo quiere Dios? ¿ Por qué?5 – ¿En qué cosas (en la familia, comunidad, grupo, trabajo…) puedes ser solidario (colaborador, ayudar, servir, compartir…)con los demás en tu vida hoy? ¿Puedes concretar y hacer algo?6 – ¿Cuál es “la verdad” que María dice a la Iglesia (según el Papa Juan Pablo II) sobre el Dios de la Alianza? (Lee Lc. 1,46-55)7 – Lee Lc. 10,25-37. ¿Quién fue el hombre solidario como María? ¿Por qué? ¿Cómo fue su solidaridad?8 – ¿Tiene algo que ver la solidaridad con la salvación eterna? ¿Por qué? Lee ahora Mt. 25,31-46. ¿Qué te parece lo que has respondido? ¿Y tú qué haces?9 – ¿A qué extremos llevó la solidaridad a Jesús? ¿Y a María? ¿ Y a tí?



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