Alguna vez has sentido miedo….
Nos encontramos este texto muy interesante del Padre clemente Sobrado, que tiene relación con la reciente celebración de Pentecostés, te invitamos a que lo leas y nos cuentes ante que sientes miedo, y que te produce confianza…
Miedo a comenzar de nuevo
| Junio 1, 2009 |
La Fiesta de Pentecostés o del Espíritu Santo me trae a la memoria un texto que me ha encantado. En unos Ejercicios Espirituales predicados en base al Evangelio de Juan, el Cardenal Martini califica a Nicodemo como el hombre que “tiene miedo a comenzar de nuevo”. Teme que la “Palabra de Dios pueda exigirle recomenzar desde el principio, y eso le atemoriza”.
Y el Cardenal lo aplica luego al cristiano: “ya ha fijado los límites de lo que se puede hacer y de lo que no se puede”. “Ya llegó. Y en su punto de llegada se halla cerrado a ulteriores comprensiones del misterio de Dios”.
Nicodemo, comenta Martini, se siente sorprendido y desorientado por el nuevo horizonte que le ofrece el Espíritu Santo. Y se pasa todo el diálogo haciendo preguntas sobre el “cómo”.
“¿Cómo puede suceder eso?”
“¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo?”
“¿Cómo puede suceder eso?”
“¿Cómo puede un hombre renacer?”
“¿Es que se puede volver a entrar en el seno de la madre?” Cuando uno ya ha puesto límites a su estatura y a su madurez espiritual, todo se convierte en preguntas que justifiquen nuestros miedos. Y se olvidan de lo que el Espíritu puede hacer en él.
Cuando uno ya ha puesto límites al conocimiento de Dios y de su fe, todos son interrogantes que anestesian el espíritu. Y se olvida de lo que el Espíritu Santo puede hacer en él.
Cuando uno ya ha marcado las fronteras de su espíritu, todos son “cómo, y cómo y cómo…” Y la verdad es que, cuando hay más “cómo” que aventura y riesgo, todos los “cómo” son visiones de las imposibilidades.
Los “cómo humanos” se olvidan de los “como” divinos, obra del Espíritu Santo en nosotros.
“¡Cómo! ¿Yo?”
“¡Cómo! ¿A mi edad?”
“¡Cómo! ¿No hay otro?”
Dejamos de crecer, cuando ponemos límites a nuestro crecimiento.
Dejamos de madurar, cuando ponemos límites a nuestra madurez.
Dejamos de renovarnos, cuando ponemos límites a lo que queremos ser.
Dejamos de cambiar, cuando ponemos límites a lo que ya somos.
Muchos se quedan achatados, no porque no pueden crecer más. Sino porque no creen en sus posibilidades.
Muchos se quedan en el camino de la santidad, no porque no puedan ser santos. Sino porque ya han puesto los hitos fronterizos.
Muchos se quedan en aprendices de santos, no porque no puedan serlo. Sino porque ellos ya diseñaron hasta dónde pueden y deben llegar.
Donde hay demasiados ¿cómo? no es que haya demasiadas interrogantes para descubrir nuevos caminos. En esos ¿cómo? se suele esconder casi siempre el miedo, la cobardía y la falta de fe en lo que Dios puede hacer en nuestras vidas.
El ¿cómo? no es curiosidad de saber. Sino una puerta que cerramos para no cuestionarnos.
La verdad que más me suele asustar en mi vida suele ser precisamente ésta.
¿Quién ha demarcado mis límites espirituales?
¿Quién ha puesto límites a la gracia del Espíritu en mí?
¿Quién ha borrado posibles horizontes en mi corazón?
No somos nosotros quienes hemos de poner límites a nuestras vidas.
Pero tampoco debiéramos ser nosotros quienes pongamos barreras y límites a la acción de Dios en nosotros.
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Tags: Dios, Espíritu Santo, Iglesia, Miedo, Pentecostés

