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EN ENERO… LAS BODAS DE ORO!!!

Nos ponemos en sintonía nuevamente pilas con la chinca!! Una fiesta increíble!! juntas con la Inspectoría de Nuestra Señora de las Nieves celebramos las bodas de Oro de 8 hermanas. Aquí las palabras de agradecimiento… se lucieron.

BODAS DE ORO 2018

 Al celebrar nuestras bodas de oro de profesión religiosa, reconocemos que la primera fidelidad es la de Dios, que nos ha acompañado solícitamente a lo largo del camino. El Señor,  a pesar de nuestras fallas, ha permanecido siempre fiel, y su gracia ha sostenido en cada instante la respuesta de amor a su llamada.

Cuando miramos hacia atrás nuestra historia, constatamos que nos ha tocado vivir una época maravillosa. Como grupo, iniciamos nuestra etapa de formación entre los años 63-68, época en la que la Iglesia celebraba el Concilio Vaticano II. Esta circunstancia providencial nos ha marcado en profundidad. Tuvimos la fortuna de haber crecido en un momento de renovación eclesial, en el que también la concepción de Vida religiosa se renovaba, y se retornaba a los orígenes carismáticos de la fundación del Instituto. Seguramente, por este motivo, la dimensión eclesial y salesiana nos han caracterizado de manera especial.

Muchas personas nos han acompañado en este proceso. Algunas ya están en la eternidad, y desde allí nos miran complacidas. Cómo no recordar a la madre Josefina Romanó que nos recibió de aspirantes, a madre María Ranieri en cuyas manos hicimos nuestra primera profesión, a la hermana Teresita Moreno, la inmortal formadora de tantas generaciones de aspirantes y postulantes, a nuestras maestras de novicias: sor Anselmina Ronchi y sor Francisca Casalone. Junto a ellas, una fila de hermanas que fueron nuestras asistentes y profesoras, personas que enfrentaron ese difícil momento de cambio cultural, y se adecuaron a las nuevas disposiciones de la Iglesia y del Instituto, acerca del proceso de formación: destacamos hoy a sor Nelly Tascón, sor Astrid Fernández, sor Ligia González, sor Barbarita Caicedo, sor Fabiola Ochoa, sor Cecilia Zalamea, sor Cecilia Romero, sor Fanny López, sor Maria Concetta Ramírez. Una ayuda invaluable hemos recibido de algunos padres salesianos, que fueron nuestros confesores, capellanes e incluso profesores. Recordemos a algunos: p. Wenceslao Koupil,  Augusto Aymar, Silvestre Pongutá. Damos gloria a Dios por todo el bien que hemos recibido de ellos y de muchas otras personas.

La hermana Teresita Moreno nos dejó como lema la frase evangélica “Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”. Esta frase ha sido para cada una de nosotras una fuente de espiritualidad, y una maravillosa coincidencia con las figuras de nuestros fundadores: don Bosco y madre Mazzarello, personas profundamente eucarísticas, nacidas entre vides y trigales. A esta frase bíblica se añade el significativo nombre de Iglesia, que ella misma dio a nuestro grupo. Tal vez este nombre sea cada vez más un programa, y nos abra horizontes para el período de vida que el Señor quiera regalarnos en adelante.

En esta tarde agradecemos la presencia de los obispos: monseñor José Figueroa, Obispo de Granada, y de monseñor Francisco Nieto, obispo de Engativá,  quienes muy gentilmente han querido presidir nuestra celebración. También,  la de tantos sacerdotes que hoy  nos recuerdan hoy con su oración, entre ellos el p. Julio Olarte, aquí presente. Muchos de ellos nos han regalado el don de su amistad y, sobre todo, de su  ministerio sacerdotal. Agradecemos  la presencia y acción de tantas hermanas nuestras de ambas provincias, muchas de las cuales nos han acompañado en las diferentes comunidades y colaborado en nuestro crecimiento vocacional. En particular resaltamos la vida y misión de sor Tonny Lucía Aldana y de sor Leonor Díaz, provinciales actuales, como también la de quienes las han precedido.

Sin duda alguna, en esta fecha están presentes muchas exalumnas, amigos y conocidos, pero en modo especial los miembros de nuestras familias: nuestros padres y abuelos que están ya en la eternidad,  hermanos, tíos y primos. Estamos seguras de que nuestra vocación está muy ligada a la rica herencia espiritual vivida en familia, a su ejemplo de fe y de solidaridad.

Y para concluir: un augurio: Queremos que este gracias se traduzca en bendiciones para cada uno de ustedes, para los lugares en los que realizan su misión, para las necesidades de la Iglesia, de la familia salesiana, de las vocaciones, de las familias aquí presentes. Pedimos al Señor que muchos jóvenes sepan responder al don de la llamada divina, y que todos podamos llegar al final de nuestra vida con la lámpara encendida, en el campo en el que el Señor nos haya llamado.

SMCVJ.

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