HISTORIA DE LA MADRE LAURA MONTOYA

may 8, 2013 por

Historia de Madre Laura, por Sor Maria Victoria Montoya

MADRE LAURA E INDIGENAS

María Laura de Jesús  Montoya Upegui, nació en Jericó (Antioquia) el 26 de mayo de 1874.  Murió  en Medellín, el   21 de Octubre de 1949 (a los 75 años de edad). La familia Montoya era oriunda de Medellín, y la familia Upegui de Amalfi. El  abuelo paterno, Cristóbal  Montoya  se  estableció en Jericó y allí formó su hogar, del cual  nacieron 16 hijos.  El mayor, Juan de la Cruz fue el papá de la madre Laura.

Juan de la Cruz se casó con Dolores Upegui, quienes tuvieron 3 hijos: Carmelita (quien murió soltera), Laura, y Juan de la Cruz quien se casó, tuvo 7 hijos y murió en Dabeiba.

El papá (Juan de la Cruz), terminó  medicina en la universidad de Antioquia, pero no concluyó el año rural porque los continuos enfrentamientos entre Conservadores y Liberales en Colombia, convirtieron el suroeste antioqueño en  campo de “guerra”. En esa época  se “IDENTIFICABA” a la Iglesia Católica con el partido conservador y en estos años fue perseguida la Iglesia por los liberales; Juan de la Cruz  salió en defensa de la Iglesia (conservadores) y fue asesinado cuando Laura tenía dos años de edad.  Los hijos de Cristóbal  Montoya eran dueños de gran parte de la tierra de Jericó y  aprovechando el asesinato de Juan de la Cruz, en  Jericó de dio una “revolución” que tuvo como final la huida de la mayoría de sus familiares, ya que los bienes les fueron quitados y amenazados por parte de los liberales.

De los 2 a los 4 años de edad, Doña Dolores y sus tres niños vivieron en una finca que pertenecía a Jericó pero la tierra llegaba hasta Pueblo Rico, era de la familia Montoya; hasta allá llegaron los problemas y la violencia y tuvieron que salir; llegaron a Amalfi a donde la familia Upegui.

Los primeros años fueron de mucho sufrimiento, a causa de la “demencia senil” del abuelo Upegui, quien a pesar de tener en la hacienda “La Víbora” de Amalfi y todas las comodidades, trataba a Laura con dureza  (¿?).  Ella no pudo estudiar debido a que no tenía casa fija, ni hogar fijo.

A los 16 años de edad, ya en Medellín, en ocasiones con la familia Upegui, y en ocasiones con la familia Montoya, buscó la posibilidad de estudiar en la Normal de Institutoras de Antioquia,  con el fin de graduarse como maestra y ayudar económicamente a su mamá;  se ganó la beca para estudiar, beca que ella misma pidió puesto que no tenía dinero para pagar la pensión porque la escuela Normal en esa época exigía que las alumnas fueran internas y por lo tanto se subía el costo del estudio.

La Normal quedaba en el Barrio Buenos Aires  (cerca de la 3º etapa de CMM),  y todos los días madrugaba antes de las 5 am, y pedía permiso para salir y poder llegar a la Iglesia de San Ignacio  para la Eucaristía y poder comulgar;  después regresaba a la Normal cuando apenas las alumnas se estaban levantando.

Terminó la Normal y aunque le propusieron seguir el estudio para poder  dar clase  en los  grupos superiores, no aceptó y se  quedó con el título  de maestra en  Primaria, porque tenía afán de  trabajar y ayudar a su mamá (sin embargo, por su prestigio como maestra, ejerció la docencia como maestra de cursos superiores).

Trabajó en un colegio privado: la Inmaculada, donde  tuvo como alumna a  Sofía Restrepo Jiménez  (después FMA);  y por problemas que se le presentaron debido en parte a la problemática política de Colombia en esa época y en parte como consecuencia de su rectitud y obrar “claro” cuando veían un error… tuvo que renunciar y pedir puestos en el gobierno: Trabajó un Guarne, Santo Domingo, Marinilla.

Fascinada por la vida contemplativa, ya había pedido permiso para ingresar al Carmelo, y con gran sacrificio había pagado por anticipado la dote… En esas… un señor la escuchó dar catecismo los domingos (cuando era maestra en Marinilla, y los domingos que los dedicaba al catecismo), y le dijo: “Señorita Laura, por allí hay unos indiecitos que nunca han oído ese catecismo que usted les enseña a estos niños”…

Después de mucha búsqueda, fue con un sacerdote y otras personas a buscar los indios en Guapá… encontró a los indígenas viviendo en forma inhumana… llenos de llagas… hambre… etc., etc., Hasta el Párroco los descuidó porque decía: “esos indios ni alma tienen!!”…

Se interesó por conocer la “suerte” de los indígenas en Colombia y sacó la conclusión que eran los más pobres y “OLVIDADOS POR EL GOBIERNO Y POR LA IGLESIA”… y sintió que Dios le pedía en vez de ingresar al Carmelo, cambiar la celda del monasterio por los montes y las  selvas…y la “ custodia”, por los cuerpos de los indígenas, etc.

Muchas luchas interiores y exteriores se dieron en ella, hasta que con 6 jóvenes de Medellín, inició  el trabajo en favor de los indígenas, no por ser indígenas, sino por ser los más pobres de su tiempo. Llegaron a Dabeiba el 14 de mayo de 1914, sin experiencia de ensillar un caballo, etc., pero movidas por el deseo de  LLEVAR EDUCACIÓN  Y CATEQUESIS a los indígenas; ellas mismas, sin tener  experiencia en ello, fabricaron su “casa”, y se arriesgaron al desprecio de los indígenas, a la burla de la sociedad de Medellín, a la desconfianza de los sacerdotes, etc., etc.

Las  “aventuras”  fueron muchas: ríos, mar, selva, animales feroces (tigres, culebras), hambre, fiebre alta, enfermedades,  pero sobre todo la incomprensión, la calumnia, la  burla, sobre todo a la Madre Laura, quien proponía cosas no usuales en su época, y por esto sufrió el calvario de la persecución de algunos sacerdotes, sobre todo de la Comunidad de los  Padres Carmelitas, y de algunos señores Obispos.

Algunas  de  sus sugerencias, tildadas en esa época de “soberbia”:

1)      Que la mujer pueda estar en la selva sin los Sacramentos ni la sagrada comunión.

2)      Como no podrían tener la Eucaristía por varios meses, la Madre Laura les copió a las hermanas algunos versículos de los Evangelios “PARA QUE MEDITEN MIENTRAS VAN EN LA MULA, PORQUE  EL MISMO SEÑOR DE LA SAGRADA HOSTIA ES EL QUE ESTÁ TAMBIÉN EN EL SANTO EVANGELIO”… hecho que fue tildado de poco respeto y poca veneración por la Eucaristía.

3)      Decir que Dios es PADRE Y MADRE  de los indígenas.

4)      Inventar una ceremonia para el momento de la salida del grupo de misioneras, terminando con la bendición  que ella daba a las  hermanas. Esto fue tildado de querer quitar el puesto al sacerdote, que es  el único que puede dar la bendición

5)      Muchas otras más No tenía la intención  de fundar comunidad religiosa, pero las cosas se fueron dando como Dios las iba pidiendo; el fin principal de su comunidad es la EDUCACION Y EVANGELIZACION de los indígenas, y de  aquellos que en poblaciones y ciudades viven en situaciones similares, (hoy serían los desplazados que llegan a las ciudades a vivir en las calles, etc.), en las  lugares más apartados donde no hay ayuda del gobierno ni de la Iglesia;  es característica la  ITINERANCIA, de forma, que cuando una población ya es bien atendida, deben salir para otro lugar de mayor pobreza y abandono.

Fundó varias obras en Colombia,   Ecuador y Venezuela;  después de su muerte las  hermanas han llegado a 20 países.

El estilo misionero que hoy es reconocido como novedoso, pero en su época fue un escándalo, es el que ella  llamaba  “ LAS  AMBULANCIAS”… o sea  misiones  ambulantes, de bohío en bohío, de caserío en caserío; no quedarse quietas  esperando   que los indígenas lleguen a la casa, sino salir a buscarlos.

Exigía que las  postulantes antes de llegar al noviciado obtuvieran el título de maestras, porque no concebía catequización sin educación. Era muy amante de la lectura y no aceptaba mediocridad en el estudio, ni flojera en el trabajo;  aunque  era  muy comprensiva y de buen humor, graciosa y chistosa, cuando se trataba del “cumplimiento del deber” no transigía en nada!

La caracterizó el amor a la Eucaristía, por la cual sufrió tanto cuando no podía contar con sacerdotes que la celebraran; su amor a la Virgen María INMACULADA, con la cual   inició toda casa misionera (comprendieran o no comprendieran los indígenas quién era ELLA); el amor a la Sagrada  Escritura y a la lectura de la vida los santos.  (Leía y explicaba a las hermanas la vida de Don Bosco). Pero su centro fue el Señor crucificado, en la palabra SITIO  (tengo sed):  “…dos  sedientos Jesús mío; tú de  almas y yo de saciar tu sed; qué nos detiene pues?”

Viajó a Roma con muchas dificultades de salud y de dinero, para pedir la aprobación pontificia de la comunidad, la cual le fue negada por las “calumnias” de las  cuales fue víctima, a causa de  algunos sacerdotes, obispos y del Señor Nuncio de esa época.  La aprobación pontificia llegó a la  comunidad después de la muerte de la Madre Laura.

Entre los rasgos característicos de su espiritualidad, además del SITIO, está lo que ella llamó ESPIRITUALIDAD BAUTISTIANA, es  decir, de San Juan Bautista, el precursor, porque decía que como en la selva no les  era permitido por los señores obispos, tener la Eucaristía, debían aprender de Juan Bautista, que se “alejó” del  Señor para anunciarlo, y así  hacer que otros que no lo conocían, se le acercaran.   También lo que ella llamó  APOSTOLADO ULTRATERRESTRE, es  decir, después de la muerte, porque decía  que quería morir para gozar del Señor, pero no para descansar, porque desde el cielo seguiría trabajando por sus pobres indígenas.

En el método educativo, puso a Don Bosco como modelo de  educador para toda misionera, exigiendo que la formación que se les diera a los indígenas fuera de calidad, aunque ellos no aprovecharan aparentemente. Decía que hay que amar al indígena aunque sea sucio etc…  “porque ellos viendo el amor que “les tenemos”, verán cómo será  el amor que les tiene el  Dios  que les  anunciamos”.

Además de los sufrimientos por incomprensión, etc., sufrió mucho casi toda la vida por su salud; pero jamás se volvió atrás ni por la enfermedad, ni por la persecución, porque lo único que le interesaba era la voluntad de Dios.

Doña Dolores Upegui, su mamá, fue también misionera; la madre Laura la invitó, porque necesitaba una persona que no fuera tan joven y representara la “fuerza moral” ante los indígenas y sobre todo ante los varones; su mamá fue la  primera maestra de novicias, y murió en la selva entre Antioquia y Córboba.

A los 60 años de  edad, la Madre Laura no tenía ya ni papá, ni mamá, ni sus hermanos Carmelita y Juan de la Cruz;  y como en esa época no existían las comunicaciones de hoy, difícilmente se sabía en cuál monte o selva estaba; se sabía que estaba con las hermanas y los indígenas.  A los 64 años de edad, llegó  DEFINITIVAMENTE A MEDELLIN. Desde allí, impedida por sus  enfermedades, se desplazó las últimas veces a las misiones; los últimos 9 años de su vida los pasó en silla de ruedas en la casa de Belencito, escribiendo y recibiendo a hermanas, sacerdotes, etc.

Escribió muchos libros, varios volúmenes de cartas, directorios y recomendaciones a las misioneras.

Las comunidades religiosas femeninas la apoyaron siempre, tanto las de vida  activa como de vida contemplativa; especialmente las hermanas  Salesianas y las  de la Presentación.

En las casas Salesianas de Buenos Aires, (Medellín), Colegio María Auxiliadora ( Medellín); Barranquilla, Cartagena, Chía Y Santa Rosa de Osos ( Antioquia), la Madre Laura recibió  consuelo, cariño, alivio físico, ánimo y estímulo.

El gobierno Colombiano le dio la Cruz de Boyacá. La Madre Laura en un primer momento se negó a recibirla y dijo  “Yo no quiero sino la cruz de  Cristo”,  pero después, motivada por las hermanas misioneras y reconociendo  que esta distinción era también para sus hermanas, no tuvo más  remedio que aceptarla.

Formó un pequeño grupo de  jóvenes (varones), para las misiones, con el fin de enviarlos después  al seminario, y así tener a los Sacerdotes en las misiones y poder “gozar” de la Eucaristía y demás  sacramentos, por el bien de su comunidad y de los indígenas; pero Monseñor  Builes se tomó para él ese grupo de jóvenes, así como quería tener en su “grupo” a unas de las misioneras, para formar su comunidad religiosa. La Madre Laura, conocedora de esto, le escribe: “Monseñor, si quiere quedarse con los muchachitos, bien pueda, que están bien formaditos, pero lo que es a las Hermanas no se las dejo”.  Estos doce jóvenes fueron los primeros Misioneros Javerianos fundados por Monseñor Builes; después  él  formó con otras jóvenes las Misioneras Teresitas y las Hijas de la Misericordia.

Éste, y  otros motivos, fueron la causa de la ruptura entre Madre Laura y Monseñor Builes, hasta el punto que en una comunicación, él le dijo: “Desde ahora en adelante, usted verá quién es Builes como enemigo”… y  desafortunadamente lo cumplió.

Sufrió mucho!… hechos que solo el misterio de la vida y de la historia logra dar explicación!… algunos sacerdotes, muchos de  ellos religiosos carmelitas y algunos señores Obispos, dedicaron  sus energía a combatir su experiencia misionera! por los motivos ya anotados y otros  que puede narrarles  verbalmente cuando vaya… que  indican cómo es  de débil el corazón humano frente a la obra de Dios!!!… y cómo Dios  sigue adelante con su obra, a pesar de todo!!!! Por eso, en estos días, se dio un acto de reparación, en el cual los Padres Carmelitas pidieron perdón a las Misioneras de la Madre Laura! hecho desconocido en los medios de comunicación social… pero que indica la humildad de la Iglesia! ¡Que la obra es de Dios!

María Victoria Montoya R.  fma

 

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